Por qué Disney sigue acompañándonos de adultos

Por qué Disney sigue acompañándonos de adultos

Hay cosas que crecemos y dejamos atrás.

La ropa que llevábamos con 10 años. Algunos juguetes. Aquella mochila que parecía enorme. Incluso puede que ya no recordemos el nombre de nuestro profesor de tercero de primaria.

Pero hay otras cosas que, por alguna razón, se quedan con nosotros.

Y Disney es una de ellas. 

Porque pasan los años, cumplimos 20, 30, 40… y de repente suena una canción, vemos una película o nos encontramos con un personaje que conocíamos de pequeños y algo dentro hace clic.

“Esto lo conozco. Esto me hace feliz.”

Disney no se queda en la infancia

Durante mucho tiempo se ha pensado que disfrutar de Disney siendo adulto era simplemente “no querer crecer”.

Pero quizá no tenga absolutamente nada que ver con eso.

La nostalgia puede conectar nuestros recuerdos del pasado con cómo nos sentimos en el presente. De hecho, diferentes investigaciones han relacionado la nostalgia con la sensación de continuidad personal, conexión con otras personas y significado.

Y ahí está una parte importante de la magia Disney.

No volvemos a ver El Rey León, La Bella y la Bestia, Aladdin o Toy Story solamente porque sean películas bonitas.

Volvemos porque nos recuerdan quiénes éramos cuando las descubrimos.

Y eso cambia completamente la historia.

Algunas historias crecen con nosotros

Cuando somos pequeños, quizá vemos a Bella como una princesa que vive una aventura en un castillo.

Cuando crecemos, podemos fijarnos en que le encantan los libros, que quiere descubrir mundo y que no está dispuesta a conformarse con lo que los demás esperan de ella.

De pequeños nos emocionamos con las aventuras.

De adultos descubrimos otros detalles.

Y quizá esa sea una de las razones por las que Disney sigue funcionando tan bien con varias generaciones: la misma historia puede significar cosas diferentes según el momento de nuestra vida en el que la vivamos.

Y luego están los pequeños recuerdos

Una taza.

Un peluche.

Un marcapáginas.

Unas cartas.

Una figura que colocamos en una estantería.

O cualquier pequeño artículo Disney que nos haga pensar inmediatamente en un personaje.

No hace falta llenar la casa de objetos hasta que parezca el castillo de Mickey. 

A veces basta con un pequeño detalle.

Porque los objetos también pueden convertirse en una especie de puente entre nuestros recuerdos y nuestro día a día.

Y aquí es donde nosotros tenemos debilidad.

La magia también se puede coleccionar

En FrikiSisters nos encantan esos objetos que consiguen hacer algo muy sencillo:

sacarnos una sonrisa.

Por eso en nuestra tienda puedes encontrar diferentes productos Disney para quienes quieren llevar un poquito de esa magia consigo.

Por ejemplo, nuestras cartas de póker Disney, que convierten una baraja en algo mucho más especial para una tarde de juegos, una colección o simplemente para tener ese pequeño detalle friki en casa.

También tenemos estuches y accesorios Disney, pensados para quienes disfrutan de rodearse de personajes que forman parte de sus historias favoritas.

Y es que quizá coleccionar este tipo de cosas no tenga tanto que ver con acumular.

Tiene que ver con guardar recuerdos.

Ser adulto no significa dejar de jugar

Esta es probablemente la parte que más nos gusta.

Crecer significa pagar facturas, trabajar, hacer listas de cosas pendientes y preguntarnos qué vamos a cenar.

Pero también significa que ahora podemos elegir qué cosas queremos conservar.

Y si entre ellas está volver a emocionarnos con una película de Disney, comprar una figura de nuestro personaje favorito o tener unas cartas de póker que nos recuerdan a nuestra infancia...

¿Dónde está el problema? 

La investigación sobre los llamados “Disney Adults” también apunta a que la relación adulta con Disney puede estar vinculada con nostalgia, juego, comunidad e identidad, no simplemente con “negarse a crecer”.

Y quizá esa sea la verdadera magia.

Porque algunas historias nunca terminan

Disney nos acompañó cuando éramos pequeños.

Nos hizo reír, llorar, cantar canciones que todavía recordamos y enamorarnos de personajes que, de alguna manera, siguen formando parte de nosotros.

Y ahora podemos compartir esas historias con otras personas, descubrir nuevos personajes o simplemente volver a ellas cuando necesitamos un poquito de magia.

Porque crecer está muy bien.

Pero no hace falta dejar de ser friki por el camino. 

Y si tú también tienes un personaje Disney que ocupa un rinconcito especial en tu corazón, puedes echar un vistazo a nuestra colección de artículos Disney en FrikiSisters.

Quizá encuentres algo que te haga pensar:

“Vale... esto lo necesito.” 

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